TESTIGOS

"ODISSEA DI NOTTE"

 

Quizás el nombre no me parecía el más representativo para estar en el medio del campo; uno asocia la Odissea al mar; agua había, y bastante. Lo que sí les puedo decir, es que la luna estaba ahí presente. Correr de noche, amén de las luces y la luna que te acompañaban es casi correr con los ojos cerrados; hay que ir rápido, y arriesgar sin pensar, realmente no sabés lo que vas a pisar, lo cual lo convierte en una experiencia única, velocidad y riesgo. Me hubiese gustado disfrutar más de los paisajes, pero bueno era una carrera, “después disfrutas del podio”, me dijeron, ¿será?. El lugar era hermoso!!!, ya casi en la mitad de la carrera quedé sola, y me dediqué a ir rápido, sola, adelante, a seguir las señales, y sí que las había. Al iluminarlas podías descubrirlas. Me saqué la linterna de la cabeza y empecé a ser selectiva, a buscar las señales iluminándolas con mi mano; iluminaba y avanzaba, estaban dispersas por todo el recorrido; no sé, me remontó a mi infancia; a una noche de escondidas y luciérnagas, de Río Claro, y Molino Rufino Ortega. Se escuchaban voces, se observaban luces en los senderos paralélos, laberinticos, rodeados de ramas, de plantas. Me tropecé como hacía años que no me tropezaba; no en barro, no en arena, no en el agua; en tierra firme de golpe, en seco. Me levanté y seguí corriendo. Poco a poco me fui encontrando a otros, venían en otra sintonía, en otra frecuencia, hablando, compartiendo, disfrutando, ¿serán estos los del trekking?. Permiso para pasar. En el medio del laberinto un chico tendido en el piso, con los pies en el aire. ¿Estas bien?, no contestaba, alcancé escucharle un balbuceo, “acalambrado”, me dijo; bueno sigo entonces, si es un calambre no es nada, sigo nomás. Me había puesto un objetivo, llegar, me envolvió como un instinto prehistórico, un instinto animal quizás, quería avanzar, como si algo me estuviera persiguiendo. De repente subía y de repente bajaba por el arroyo, cada tanto encontrábamos personas que nos indicaban, y nosotros seguíamos indicaciones; “6 k para allá”, por suerte estábamos en buenas manos. Chapoteé, me embarré, salté, hasta que en un punto y repentinamente, me preguntaron: “¿Sabés nadar?. Pecho, crol y tres brazadas de mariposa repliqué”; y así en el medio de la nada, de la nada misma vestida íntegramente con ropa deportiva convencional, me zambullí. ¡que refrescante, aliviante!, ¡el agua, es vida!. Más liviana salí porque me limpió la arena y el barro del cuerpo; tuve que nadar. Cada tanto nuevamente, chapoteo, charcos, saltos, ¡que diversión fatal!. Los senderos me daban velocidad y podía respirar, ¿Cuánto falta? “me parece que estamos en la mitad del camino”, me dijeron, Noo, Y después una soga, alambrado, me cansé. “Seguí el camino me dijo”, pero es de noche en el medio de la nada; y bueno lo sigo. Seguí corriendo; vino a mi mente una escena de “Bastardos sin Gloria”, de Tarantino, en la que Soshanna corre, corre sin mirar atrás para escapar. Llegué a un cruce de camino de ripio, y nuevamente otra escena vino a mi mente, un policía dirigiendo iluminaba el camino, “ya estás faltan solo 500 metros”. Nooo, como hago para seguir corriendo; ahora quiero ganar; y entonces recree mentalmente mi salida diaria: voy por el Parque España, corro por calle Colón, ¡Adiós Mimi!, y seguí pensando cada paso que doy, reproduciendo mentalmente el comienzo de mi digamos entrenamiento matutino. De repente me acuerdo qué siempre a lo último, camino; la mente me jugó una mala pasada. Me doy cuenta qué estoy cerca, en realidad tengo cierto problema en terminar las cosas, digamos el último diez por ciento; entonces puse quinta y Dios aceleré a fondo; llegué primera. Quiero decir, fui la primer mujer en llegar, todo un logro para mí. Los relatos no tienen que ser siempre cronológicos, ordenados, éste va a ser a mi medida, mezclado. El comienzo fue entreverado; barro, las zapatillas cargadas de barro, mucho barro, después veníamos varios al galope, en criollo, digamos. Una indicación nos hizo doblar, caminando sobre una especie de bajo con plantas altas, y de ahí al laberinto. Venía alguien delante mío, yo la alentaba a seguir, como alguna vez me alentaron a mí, ¡dale vamos, vamos!. Mucho barro en el laberinto, me resbalo y me agarro, ¡¡hay!!!espinas en el árbol, pero seguí corriendo. “¿Te duele?”, me preguntó. Es bueno sentirse acompañado. Mas que una Odissea, fue una aventura de película."

Nadia Kesseler
GANADORA DE LOS 6K